Funciona sin internet
Cada venta se guarda primero en el equipo con un identificador propio y sube sola al recuperar la conexión. No es un modo de emergencia: es cómo está construida.
Pedidos, precios, stock y cobranzas desde el celular o la computadora. En el mostrador, en el depósito o en medio del reparto.
Sin registrarte y sin instalar nada.
El pedido se anota en un cuaderno y se pasa a la computadora a la noche. Si se pasa.
Cada cliente tiene su precio y su descuento, y hay que acordarse de memoria.
En esa zona no hay señal, así que el sistema no sirve justo cuando se está vendiendo.
Sin planillas paralelas ni pasar los datos dos veces.
Cada venta se guarda primero en el equipo con un identificador propio y sube sola al recuperar la conexión. No es un modo de emergencia: es cómo está construida.
Listas por cliente, descuentos por acuerdo y ofertas por cantidad. El sistema calcula y explica por qué salió ese precio. El servidor lo recalcula siempre.
Se toma el pedido, se prepara, se entrega y se cobra. El saldo del cliente lo lleva el sistema, no una planilla aparte. Remito listo para imprimir o mandar por WhatsApp.
Al escanear un producto que no tenés cargado, el nombre y la marca aparecen solos. Y cada código que cargás le queda disponible al próximo comercio que escanee lo mismo: el catálogo mejora solo a medida que se usa. Se comparte el nombre; tus precios no salen nunca de tu organización.
El stock se mueve con cada venta y cada compra. La caja se abre y se cierra con su arqueo. Las comisiones de cada vendedor salen de las ventas reales.
Es la diferencia entre un sistema que sirve en la oficina y uno que sirve en la calle.
La venta, el cobro o la visita quedan en el celular apenas se cargan, con todo lo que hace falta para reconstruirlos.
Al volver la conexión, la cola se procesa sola. No hay que acordarse de sincronizar ni apretar nada.
Cada operación viaja con un identificador único. Si el teléfono reintenta, el servidor la reconoce y no la aplica dos veces.
Cada negocio abre sólo lo suyo: una veterinaria no ve la hoja de ruta de una distribuidora. Las marcadas «en preparación» todavía no están: se listan igual para que sepas hacia dónde va.
Cuántas unidades hay de cada producto, qué se movió y por qué. Avisa cuando algo está por acabarse, antes de que un cliente lo pida y no esté.
El stock que lleva cada vendedor en su camioneta, separado del depósito. Lo que carga a la mañana y lo que vuelve a la tarde.
Lote y vencimiento de cada partida, con aviso de lo que vence primero. Sale antes lo que caduca antes, sin que nadie lleve la cuenta a mano.
Tomás el pedido con el cliente adelante, lo preparás y lo entregás. Cada paso queda con su hora, así sabés dónde está cada cosa sin preguntar.
La caja del mostrador: buscás por nombre o pasás el lector, cobrás y entregás el comprobante. Pensado para atender con gente esperando.
La hoja de ruta del día: a quién hay que ir, en qué orden, y qué se entregó. El repartidor la ve en el teléfono y marca a medida que sale.
Lo que se vende por kilo: ponés el peso y sale el precio, o ponés lo que el cliente quiere gastar y sale el peso. Con balanza o sin ella.
Devoluciones con reingreso al stock y nota de crédito.
Cuánto le corresponde a cada vendedor por lo que vendió y por lo que efectivamente cobró, con la liquidación lista para exportar.
Listas por tipo de cliente, descuentos por cantidad y ofertas con fecha. El precio correcto sale solo al elegir el cliente: no hay que acordarse.
Publicás tus envíos a los repartidores independientes verificados de tu ciudad. Cada uno toma el que puede llevar, y vos ves quién lo tiene.
Cada cliente tiene su día de visita y su recorrido. La semana se arma sola y se reinicia sola, así nadie queda sin visitar dos semanas seguidas.
Una página pública con tu menú, que compartís por WhatsApp. El vecino pide desde el teléfono y el pedido te entra en la app, sin comisiones por venta.
Puntos, segmentos de clientes y campañas.
Tus clientes repiten pedidos y consultan su saldo desde su propia pantalla.
Abrís la caja, se registra todo lo del día y cerrás con el arqueo. Si falta o sobra, queda anotado con la diferencia y el motivo.
Órdenes a proveedores, recepción de mercadería y reposición de lo que falta. Lo recibido entra al stock sin cargarlo dos veces.
Quién te debe, cuánto y desde cuándo. Cada cliente con su plazo —24 horas o los días que le des— y el vencido a la vista sin tener que buscarlo.
Subís la lista de tu proveedor en Excel, CSV o PDF y la app la entiende: te muestra qué va a cargar antes de hacerlo, y guarda el historial.
Si sos responsable inscripto: lo vendido y lo comprado del mes con el IVA desagregado, en un archivo que se abre en Excel y se le pasa al contador.
Los contactos de cada proveedor y lo que le debés, con su vencimiento. La deuda nace cuando recibís la mercadería, y el pago en efectivo sale de tu caja.
Márgenes reales por producto y por cliente, y comparaciones entre períodos. Para decidir con números y no con impresiones.
Stock, cajas y reportes separados por sucursal.
La historia de cada paciente, con sus evoluciones fechadas, lista para imprimir o compartir.
La ficha de cada mascota: especie, raza, tutor, vacunas y tratamientos, con aviso de la próxima dosis.
La agenda de turnos por profesional, con recordatorio por WhatsApp.
El pedido, el aviso o el recordatorio salen armados y se mandan desde tu propio WhatsApp. No hace falta contratar nada aparte.
Conexión con sistemas externos.
Emitir el comprobante contra ARCA y traer el CAE. Los libros de IVA para presentar ya están; lo que falta es esto.
Se activan sólo los módulos que ese negocio usa. Nadie paga por pantallas que no abre.
¿Repartís? La otra punta también tiene su demostración: mirá cómo se ve la pantalla del repartidor →
Sin compromiso. Te preparamos una cuenta con tu lista de precios cargada para que la pruebes con tus propios productos.